Kill Bill

Continuacion…



Kill Bill resulta, al mismo tiempo, un homenaje-parodia-fusil a todo ese cine que hizo nuestras delicias cuando fuimos niños y también lo es para esas series clásicas como El Avispón Verde, Kung Fu, las de vaqueros y hasta para Charlie Brown. El mismo Quentin anunció que este filme sería su versión de Iron Monkey y vaya que lo logró, logrando mezclar la actitud de esa película con todas las influencias antes mencionadas e incluso en momentos recuerda mucho a los trabajos de Takashi Miike, sobre todo en el manejo de los tiempos, combinando partes de mucho diálogo que a algunos le parecerán algo aburridas con explosiones de acción inesperada. Lo interesante es que la película funciona en los niveles antes mencionados, rindiendo un merecidísimo homenaje a ese cine que se ha llamado psicotrónico, fusilándose descaradamente las atmósferas y actitudes y parodiando de una manera muy respetuosa las limitaciones que ha sufrido.





Lo mejor de la película resulta ser el mestizaje de todas las culturas que pululan por uno de los países más intolerantes del mundo, puediendo verse en pantalla a una actriz china junto a una gringa peleando en Japón a ritmo de música española y haciendo que todo luzca perfecto, porque eso sí, la manufactura de la película es impecable. Las tomas muestran todo lo que hay que ver, la edición más perfecta no podía haber sido y la música, bueno, si hay algo que Tarantino sabe hacer es elegir la música para sus películas.



Como ya es costumbre, la película viene en capítulos desordenados. Lo que podría verse repetitivo, resulta de lo más acertado, pues nos va contando la historia con cuentagotas y mantiene un ritmo más que perfecto, desenmarañando el misterio poco a poco y cada vez sumergiéndonos más en la espiral, haciéndonos pedir por más. Además que las distintas técnicas utilizadas dan la impresión de estar viendo varias películas al mismo tiempo.






Continua…