Encontre esta reseña en Cinefagia, hecha por un tal Rodrigo Vidal Tamayo. A ver que les parece:
La venganza es una de las acciones más repulsivas del comportamiento humano, produce además una serie de sentimientos que resultan nada agradables a la persona rencorosa, pero, irónicamente, al mismo tiempo es también una de las más gratificantes. Yo en lo personal disfruto mucho cuando me vengo.
Quentin Tarantino es un tipo suertudo y algo inteligente. No satisfecho con piratearse ideas, estilos y secuencias completas de pelÃÂculas semidesconocidas en su ignorante paÃÂs natal, encima tiene el descaro de anunciarlas como algo novedoso y original, y cuando es descubierto, acepta su falta de ingenio con un cinismo tal que resulta encantador. Ese encanto llega a su pico más alto cuando nos es anunciado que próximamente aparecerá su cuarta pelÃÂcula, como si nada más estuviéramos al pendiente de que es lo que hace este empleadillo de videoclub. Lo feo es que su cuarta pelÃÂcula resulta ser de lo mejor que Hollywood ha hecho en los últimos años, amén de ser la mejor de su carrera.
Precedida por la gran publicidad que rodeó a la filmación y la sorpresa que causó al informar que serÃÂa de artes marciales (porque junto con la música disco son cosas que en los EE.UU. el tiempo olvidó), Tarantino hizo que todos los cinéfagos saliváramos nomás al escuchar todo lo que le iba a meter: spaghetti western, samurai, matanzas heroicas, yakuza, videojuegos y demás parafernalia subcultural que todo aquel que disfrutó (y disfruta) de la televisión en su infancia tendrá en el fondo de su corazón. Si a esto le añadimos la presencia de David Carradine y Sonny Chiba, auténticos pilares de los géneros antes mencionados, puede entenderse el porqué de tanta expectativa. Continua…
